En el fondo

Tienes que admitirlo, lo has disfrutado. Disfrutaste desde el primer minuto en que empezaste a vigilarla entre las sombras, inconsciente de tu mirada, de que medías cada uno de sus movimientos despreocupados, con esa cadencia que da el sentirse a salvo. Entonces diste un paso omitiendo por primera vez el silencio habitual, lo justo para que escuchara que no se encontraba sola, y disfrutaste. Lo hiciste al ver como en la máscara de tranquilidad que vestía asomaban grietas que poco a poco se agrandaron a la par que sus ojos intentando encontrar el origen de aquel sonido.

Justo cuando se giraba decidiste respirar, un poco más fuerte, exhalando el calor que te quemaba por dentro para formar una nube en el aire súbitamente frío. Total, no iba a notarlo, su propio calor había huído atado al color de su piel al ver aquella niebla suspendida y ni la carrera alocada que comenzó iba a ser capaz de quitar ese escalofrío que le había recorrido la espina dorsal. Disfrutaste tensar los músculos antes de comenzar la persecución.

Cada uno de sus traspiés, cada obstáculo a medio esquivar, cada golpe contra el suelo… los disfrutaste. Tanto como saber que no prestaría la suficiente atención al siguiente salto porque no podía dejar de fijarse en tu figura recortándose cada vez más cerca pero imposible de concretar a base de miradas de reojo.

Aquella última caída, al intentar incorporarse de la anterior ya sin fuerzas en su cuerpo, mientras boqueaba a la desesperada intentando encontrar un oxígeno que parecía habérsele negado, la disfrutaste. De la misma forma que ver su coraza rota y los jirones de seguridad que habían quedado colgando desgarrados tras múltiples enganchones por el camino.

Su mirada desencajada, el resultado de sus heridas fluyendo color petróleo al arrebatarle la luz inclinándote sobre ella… La perplejidad, el miedo, la desesperación de tu presa… las disfrutaste. Y por primera vez te permitiste reír poniendo sonido a su muda mueca de terror.

Cuando la arrastrabas hacia las profundidades, donde siempre esperas paciente, te giraste una vez más y su rostro te devolvió rendición y aceptación. Rendición por haberlo comprendido, una vez más; aceptación por volver a aquel pozo que ya conocía tan bien. Al fin y al cabo era tu propio rostro el que te miraba; al fin y al cabo tú mismo eras la presa, tú mismo el cazador, tú mismo te permitiste pensar que podías huir de aquel pozo, tú mismo te encargaste de recordarte que intentar ver la luz sólo consigue dejarte más ciego cuando ésta vuelve a desaparecer. Y en el fondo… lo has disfrutado.