Libros en blanco y negro

Empezar con un libro, sin más, sin casi haber hablado, y sin embargo con la sensación de haber conocido a alguien a quien merecía la pena regalárselo aunque no pudieras explicarlo…

No salir nunca del desconcierto cuando siempre te ha gustado tener controlado que reacción esperar… Vivir en el equilibrio entre que se haya convertido en alguien imprescindible pero que a la vez te llevará a golpearte contra el suelo más de una vez.

Saber que no necesita caballero de la brillante armadura y sin embargo tener claro que para lo que fuera te tendría allí. Que ya te tiene.

Confiar en ella como has confiado en muy pocas personas. Plantearte a veces límites al contarle tu vida porque hay cosas que preferiría no saber.

Que no importen horas de transporte o cruzar fronteras para verla cinco minutos pero no haberla empezado a conocer de verdad hasta que no se encontró a cientos de kilómetros. Lamentar el tiempo perdido.

Maldecir si las cosas le van mal y alegrarte cuando le van bien, incluyendo cuando te gana. Aprender a no demostrarlo.

Ilegalizar dar abrazos, dos besos o “despedirte”, pero que sea capaz de desarmarte con un abrazo inesperado de un segundo o un “¿sabes que te quiero no?”. No poderlo olvidar.

Descubrir que se ha convertido en la persona con la que más hablas. Que sea la misma que te hizo estrellarte al descubrir también que no sabía como librarse de ti.

Sorprenderte constantemente como si vieras un diamante indestructible. Comprender que la roca más dura del mundo puede ser una de las más frágiles si la golpean en el punto preciso.

Cortarte como no te cortas con nadie a la hora de bromear, prometerle/prometerte que jamás le “tirarías los tejos”… No entender a quienes no apreciaron la suerte que tenían porque si te preguntaran no dudarías en desear que cualquier mujer se pareciera aunque sea un poco a ella.

Cinco años después y perdida la cuenta de los libros haberlo vivido como si hubiera abierto uno, con páginas que te enganchan, otras que te sorprenden, y algunas con las que te llevas disgustos. Dudar siempre antes de pasar a la siguiente porque tampoco sabes lo que esperar a la vuelta de la hoja.

Escribir una y otra vez el mismo texto porque nunca crees haber escrito algo a la altura. Seguir sin estar a la altura.

Esperar que haya más libros. Anhelar que las hojas de éste no se terminen.