Pura vida

Pura vida.

Lo que había tras aquella sonrisa por DNI con la que te presentaste.

Pura vida. Como la que crea los mundos que compartes en estudios científicos y mezclas imposibles de colores sobre banderines.

La que podría esperar que haga latir, aletear y salir del papel tus ilustraciones.

La que transmites haciendo que quien no se atreve se descubra deseando vivir tus viajes.

La que canalizas, como si transmutaras en médium, para sentir, a través tuya, la energía de una fiesta en México, de una ciudad de calles abarrotadas, de la paz al despertar en una playa, de lo poderoso de dormir en la soledad de un desierto.

Pura vida en cada pedalada, en el aire que empuja cada aliento al ascender una montaña, en el viento que juega con la risa al acelerar bajándola.

En cada suspiro ante lo que podría y debería. Ante lo que debería pero no se pudo. Y en cada lágrima cuando no se podía y tus ojos, al poder, rompieron a gritar.

Por eso no importa el cómo, el dónde o el por qué. Importa con quién. Importa contigo. Importa vivir.

Y vivirte.