Sexo y otras batallas que perder

Esa sensación de antes del enfrentamiento con el aire de la habitación cargándose como en una tormenta y la piel preparándose para la llegada del rayo que vendrá con el roce de tus dedos.

Tú como enemigo y tu cuerpo como campo de batalla en donde establecer estrategias en las que no interviene la razón.

Asomarme al abismo de tus ojos, hundirme en él intentando no ahogarme y sobrevivir a base de robar tu aire en cada beso. A falta de armas defenderme con los colmillos en tu cuello de tus uñas en mi espalda.

Retroceder dibujando con la lengua sobre cada centímetro del mapa fronteras que deseo nadie más pudiera traspasar.

Esperar tu error entre jadeos de esfuerzo para encontrar tu debilidad y comenzar ese cuerpo a cuerpo final donde cada ataque y defensa se sincronizan. Ese buscar y esquivar que se convierte en una danza lenta, pero que, como en cualquier guerra, que sea lenta no implica que sea suave.

Saber que puedo perder la batalla pero luchar por conseguir tu dominación. Que tu rendición se convierta en la mejor recompensa y caer en ese lado animal que siempre espera agazapado buscando tu pequeña muerte a costa de mi vida.

Superar ese límite donde ya no se distingue entre dolor y placer.

Saber que una guerra puede tener muchas batallas.